identidad y memoria

Jesús María Alemany Briz
Presidente

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¿Quiénes somos?

El Seminario de Investigación para la Paz cumplió en el año 2004 veinte años de existencia como institución pionera en el estudio sobre los conflictos y la paz vinculada al Centro Pignatelli de Zaragoza.

En 2002, con su mayoría de edad, pudo comenzar una nueva etapa. El Centro Pignatelli y la Compañía de Jesús (titular de este Centro), previa una amplia consulta, creyeron llegado el momento de dotar al Seminario de personalidad jurídica propia y el 13 de noviembre lo constituyeron ante notario en Fundación, que se rige por estatutos donde se especifican motivaciones, fines y actuaciones. La Fundación, privada, no lucrativa, fue inscrita en el registro correspondiente y ha sido reconocida como entidad de carácter social a todos sus efectos.

Su Patronato está compuesto inicialmente por cinco miembros designados por las siguientes entidades: uno por la Compañía de Jesús, dos por el Centro Pignatelli, uno por el Gobierno de Aragón y otro por las Cortes de Aragón, en su condición de instituciones firmantes de sendos Convenios de Cooperación con la Fundación SIP. El Patronato designa el director o directora de la Fundación y marca, siguiendo los estatutos, las directrices para su funcionamiento. El Consejo de la Fundación tiene carácter consultivo.

La Fundación está vinculada también por un convenio específico de cooperación con la Universidad de Zaragoza, que otorga reconocimiento académico a sus cursos, y mantiene otros convenios de diferente carácter con el Ministerio de Defensa, el Centro de Investigación para la Paz y la Fundación para una Cultura de Paz. Es miembro fundador de la Asociación Española de Investigación para la Paz (AIPAZ). Desde 2004 está asociada al Departamento de Información Pública de Naciones Unidas en Nueva York.

¿De dónde venimos?

Nuestra historia comienza por la concurrencia de una serie de circunstancias. El enfrentamiento entre los bloques alcanzó su punto álgido a comienzo de los años 80 con la llamada Segunda Guerra Fría y una oleada de terror recorrió Europa ante una posible catástrofe nuclear. Con ocasión de la crisis de los euromisiles se desató la conciencia pacifista de amplias capas de la población europea, que asumió un creciente protagonismo público en las calles y a través de múltiples iniciativas.

Aragón era una de las regiones españolas con más fuerte presencia militar, ya que albergaba la Academia General Militar, la Escuela Militar de Montaña y Operaciones Especiales de Jaca, el Politécnico de Calatayud, los campos de maniobras y tiro de San Gregorio, Caude y Bardenas, importantes unidades del militares, y sobre todo la Base Aérea utilizada por los EE.UU. (que concitaba el mayor rechazo ciudadano). Es lógico que en Aragón surgiera también un fuerte e imaginativo movimiento pacifista, cuyas iniciativas se multiplicaron, alcanzando carácter emblemático el Puente por la Paz en 1983 y el Campamento de Mujeres por la Paz en 1984.

Mientras tanto, en 1983 fue aprobado el Estatuto de Autonomía de Aragón y las elecciones dieron paso al primer Gobierno de Aragón de la democracia. El nuevo ejecutivo socialista, presidido por Santiago Marraco, tenía como Consejero de Cultura a José Bada, persona clave en nuestra historia. José Bada y el Gobierno en su conjunto creyeron necesario incluir dentro del nuevo proyecto cultural de Aragón la investigación para la paz. La paz -pensaban- es demasiado importante para dejarla a la pura visceralidad de cualquier signo. Tiene que ser objeto de investigacíón, análisis, propuestas razonadas y debate.

A comienzos de 1984 el Centro Pignatelli, institución cultural privada de la Compañía de Jesús, pero con reconocida autoridad y una fuerte implantación social, recibió del Gobierno de Aragón y aceptó el encargo de poner en marcha una plataforma de investigación para la paz. Coincidía con la reformulación de la misión de los jesuítas en la que la promoción de la fe y el trabajo por la justicia resultan inseparables. Aragón se convirtió así en la primera Comunidad Autónoma española que incluía la investigación para la paz en su proyecto cultural y esta decisión ha sido confirmada posteriormente por todos los sucesivos Presidentes autónomos de diferente signo político y por las mismas Cortes de Aragón, ante cuyas Comisiones correspondientes hemos comparecido. El Centro Pignatelli, al aceptar un reto nada fácil, puso como condición su total independencia en el trabajo a pesar de contar con el apoyo moral y económico del ejecutivo, lo que se nos garantizó con gusto.

Durante la primavera y verano de 1984 desarrollamos una frenética actividad. Queríamos garantizar para el nuevo proyecto el rigor científico en el método, la independencia en la orientación, la interdisciplinariedad en el trabajo y el respeto mutuo en el debate colectivo. Acudimos a presentar nuestro proyecto y a invitar a participar en él a todas las Facultades de la Universidad y a los Colegios Profesionales. En el deseo de incorporar al trabajo por la paz a los militares, mantuvimos entrevistas con personas claves en el Ministerio de Defensa, Capitanía General, Academia General Militar y Academia de Suboficiales de Talarn. Tuvimos cerca en nuestro proceso a Pedro Arrojo y Víctor Viñuales, lo cual nos proporcionaba la necesaria conexión con el movimiento pacifista del que eran líderes significados. A la vez, establecimos contacto con las escasas personas e instituciones que en la España de aquellos años se dedicaban a los estudios para la paz, siendo especialmente significativa nuestra relación con Mariano Aguirre, que aquel mismo año dirigió el nacimiento del CIP en Madrid, y Vicenç Fisas, en Barcelona. El 25 de septiembre de 1984 se pudo firmar el primer convenio de colaboración entre la Diputación General de Aragón y el Centro Pignatelli. El 9 de noviembre del mismo año tuvo lugar la sesión inaugural del Seminario, no sin el recelo de algunos sectores de diverso signo.

Veinte años después la Fundación Seminario de Investigación para la Paz recoge la inapreciable herencia que han dejado hombres y mujeres de múltiples profesiones, compromisos políticos y sociales, ideologías y credos, de dentro y fuera de Aragón, cuyos nombres al menos aparecerán a lo largo de esta memoria. Ellos han aportado su capacidad, su esfuerzo y su ilusión a los objetivos del Seminario de Investigación para la Paz en un tiempo de acelerados cambios, generando una enorme plusvalía moral e intelectual. En su pluralidad, además de su competencia profesional, han formado una verdadera "comunidad de solidaridad", que quisiera representar los anhelos mejores y más justos de la gran comunidad humana. Las circunstancias del mundo han cambiado desde 1984. Hemos comprendido que la paz debe construirse no sólo por miedo ante una catástrofe nuclear (entonces) o ante el terrorismo (ahora), sino porque es lo único verdaderamente humano. Creemos que la paz es indivisible en el escenario mundial y en nuestro pequeño entorno social. La paz es una cultura, como intuyeron quienes nos impulsaron y como ha proclamado a solemnemente a comienzo de milenio la UNESCO.

¿Qué hacemos?

La Fundación Seminario de Investigación para la Paz se proyecta desde sus comienzos en cinco líneas:

  1. La creación, mantenimiento y cuidado de una biblioteca y centro de documentación especializados, que constituye la base imprescindible para nuestro trabajo y abiertos a personas interesadas de cualquier profesión y procedencia.

  2. El estudio y la investigación. Programamos un seminario central interdisciplinar anual de investigación que articula nuestro trabajo colectivo. Especialistas de todo el mundo han pasado por nuestra casa y se han abordado a lo largo de estos años todos los temas de importancia, según el conocido método de la investigación para la paz: diagnóstico, pronóstico y terapia. A esta actividad se unen los encargos de investigación personales asumidos por los miembros de nuestra Fundación y colaboradores. Nuestros especialistas participan como es lógico en encuentros y congresos, tanto nacionales como internacionales. Y finalmente cursos intensivos de inscripción abierta sobre temática no contemplada en los programas de la Universidad, que da reconocimiento académico a nuestras propuestas.

  3. La publicaciones. Hacen llegar nuestros estudios y propuestas a los centros de investigación, así como a las instancias de decisión política, económica, diplomática, militar y religiosa o a otras personas interesadas. Son de tres clases: la serie más importante recoge los sucesivos trabajos colectivos del Seminario; las monografías reflejan el trabajo de investigaciones particulares; y los informes abordan cuestiones puntuales de actualidad.

  4. La influencia en la opinión pública a través de la educación, de los medios de comunicación y de los movimientos sociales. Convocamos anualmente las Jornadas Aragonesas de Educación para la Paz, cuyo objetivo es la formación de educadores en la vertiente pedagógica de los temas tratados por el Seminario. Queremos estar presentes en los medios de comunicación a través de artículos, entrevistas, colaboraciones y asesoramientos de diverso tipo. Y cada vez con mayor frecuencia distintos centros universitarios y de secundaria, ONGs y movimientos sociales solicitan nuestra contribución para impartir cursos, cursos, conferencias y otros eventos.

  5. La red de relaciones. Damos una gran importancia a trabajar en relación con otras instituciones nacionales e internacionales. Estamos en contacto con el sistema de Naciones Unidas, con Centros de Investigación similares, con ONGs, y después de muchos años de trabajo hemos sido miembros fundadores de la Asociación Española de investigación para la Paz (cuya vicepresidencia ostenta en estos momentos nuestra directora Carmen Magallón).

¿Dónde estamos?

Hemos comprendido que la voluntad de “hacer” en la investigación para la paz no evita la pregunta de “cómo estar”. La hemos vivido con tensiones y la hemos resuelto a veces con un elevado grado de perplejidad, lo que nos parece leal trasladar a nuestros amigos y amigas. Algunas tensiones han sido:

  • Relación con el poder/independencia. Surgidos de una iniciativa y encargo del Gobierno de Aragón, al que agradecemos el apoyo recibido a lo largo de todas las legislaturas, vinculados también por convenio con las Cortes de Aragón y otras instituciones, se nos ha planteado en diversas formas y etapas la manera de “estar” manteniendo la independencia. Hemos tenido la ventaja de formar parte del proyecto cultural público de Aragón, de poder comparecer ante las comisiones de las Cortes, de contar con una austera financiación. Pero ha habido que evitar cualquier forma de dependencia de los poderes políticos o financieros.

  • Ámbito no académico/académico. La Fundación no está radicada en la Universidad sino en un Centro Cultural con una fuerte implantación social. Ha sido necesario “estar” aprovechando las ventajas de una mayor relación con la sociedad civil e influencia en ella, sin perder el carácter riguroso de nuestro trabajo y la relación con la Universidad. Profesores universitarios han estado ligados nuestro proyecto y en 1999 hemos firmado formalmente un Convenio de Cooperación con la Universidad de Zaragoza. Creemos que a su vez las Universidades debieran aprovechar las innegables ventajas que poseen para la investigación para la paz, pero sin dejar de plantearse esta vez desde su ladera la tensión que nosotros experimentamos desde la nuestra.

  • Cercanía a los militares profesionales/capacidad crítica. Desde el principio fijamos como objetivo incluir a militares profesionales en nuestro grupo de trabajo y en nuestras relaciones, y ello quizá nos ha caracterizado. Hemos mantenido la diferencia entre el militarismo (como ideología, en la que tienen una fuerte responsabilidad los políticos y el complejo militar-industrial) de la profesión militar. Nos hemos acostumbrado a un diálogo respetuoso sin dogmatismos. Y creemos haber contribuído a desmitificar los estereotipos de cada una de las partes. Pero de ninguna manera creemos deber renunciar al carácter crítico de nuestra investigación y a las convicciones o propuestas que de ella se derivan, aunque “saber estar” ahí pueda originar incomprensiones.

  • Proporción entre voluntariedad/profesionalización. Nuestra institución se ha caracterizado por la austeridad de recursos y ausencia de personas liberadas para la investigación. Contamos con la directora y con tres personas a jornada no completa responsables de mantener una infraestructura dotada de secretaría general, biblioteca y documentación. Los miembros del Seminario que aportan su saber profesional no están remunerados, lo que origina evidentes dificultades en un trabajo de investigación o en la misma vinculación. Pero ha traído como positivo un talante o mística de voluntariado, al sentirse involucrados en la tarea en un clima amistoso y respetuoso de grupo. La proporción entre voluntariedad y profesionalización no tiene por qué darse entre las personas sino quizá coexistir existencialmente en el interior de ellas.

  • Macroescenario/microescenario. Más preocupados por situarnos en los grandes conflictos internacionales, podríamos quizá prestar menos atención a nuestro entorno social. Hoy está claro que la paz es indivisible y que para construir la Paz hemos de ir haciendo las paces. El concepto de seguridad humana, de desarrollo humano y de derechos humanos vincula ambos escenarios. Creemos que se nos pide saber “estar” en la frontera de ambos escenarios, aunque no siempre acertemos a hacerlo.

  • Largo plazo/corto plazo. La investigación para la paz y la cultura de paz son una apuesta a largo plazo, porque la transformación de las mentes y de las sociedades es lenta. No puede estar pendiente del último acontecimiento. Pero tampoco podemos ser insensibles ante los retos del acontecer diario. Ha constituido un esfuerzo encontrar el justo lugar para “estar” entre el largo y el corto plazo.

  • Deterioro de la paz/deterioro del “ecosistema” de la paz. Somos sensibles al deterioro de la paz y quizá caemos en la cuenta menos del deterioro del ecosistema de la paz, es decir, el medio ambiente sociocultural necesario para cultivar la paz.. Necesitamos recuperar: un sujeto responsable, frente al espectador pasivo de la historia; la preocupación por lo público y comunitario, frente al refugio en la mera privacidad; los valores compartidos, frente al mero pragmatismo; la lucidez en el trabajo de análisis y búsqueda de mediaciones, frente al simplismo de la buena voluntad; la modestia de los pasos pequeños frente al prometeismo de las ideologías totales; el derecho a la esperanza, frente a la paralización del pensamiento único.